17 de abril de 2026

Un Estado ideal soñado por los propios funcionarios que pueblan las administraciones, pero que en algunos casos ya ha dejado de ser un sueño para convertirse en una realidad, aunque más bien en una pesadilla. Una pesadilla que tiene en Arona su mejor y mayor encarnación, aunque nadie se pronuncia, nadie dice nada y todos se limitan a decir que sí, que ejercen, aunque el poder, oh hermanos, no está en los políticos, sino en ese mapa gris, a veces obeso, de los técnicos municipales aroneros.

Cuando suban a Arona casco y vean el sólido edificio de la Casa del Pueblo, piensen que, aunque la alcaldesa o concejales los reciban, siempre les dirán: “Lo que digan los técnicos, informes y demás, si no, nada podemos hacer”. Así que lo mejor es saber el mapa funcionarial e ir a tiro hecho, aunque la mayoría se esconden o están alejados del pueblo; unos porque van a lo suyo, pero algunos, hermanos en Fátima, tienen tan metidas las patas en el lodo que da hasta pasmo. Les pongo un ejemplo. Concejal nacionalista Alexis ‘Leroy’. Llegó a Fiestas y se encontró al Monstruo de las Galletas. ¿Qué hizo el nota? Pues sentarse a comer las mismas galletas de una manera tan ofensiva que hasta su propia compañera, que ya tiene sus problemas, se sonroja, se molesta, pero ni dice ni hace. Lo deja correr.

Vamos con otro ejemplo. ¿Recuerdan a Grima, Lengua de Serpiente, consejero del rey Théoden en El Señor de los Anillos? Pues algo parecido hay en la parte alta del Ayuntamiento. La alcaldesa tiene al lado un consejero tenebroso que hace lo que quiere y que, con manejos orquestales, está vinculado a las tramas negras que se dan en este Ayuntamiento. Fátima lo ha puesto a su lado y este, desde esa atalaya, lo controla todo como si fuera un cancerbero. ¿Ayuda? Bueno, ella está obnubilada porque, mientras él le jura lealtad eterna de rodillas en La Centinela, luego se dedica a conspirar para que una rubia alta e ingenua sea defenestrada y conseguir otro panorama político donde, por otra parte, la propia Fátima se vería menoscabada.

Podríamos estar días, años, escribiendo sobre un gobierno municipal en manos de técnicos y deberíamos hacerlo porque esto implica una tensión constante entre la eficiencia administrativa (que se lo digan a empresarios y ciudadanos) y la legitimidad política. Las críticas a este modelo suelen centrarse en la falta de representación democrática, mientras que sus defensores destacan la profesionalización de la gestión. Bueno, es un decir, porque en Arona hay una excesiva delegación de poder decisorio, lo que debilita el control democrático de los ayuntamientos. Y ya vemos cómo se lo hacen. Y llevan desde el principio de los tiempos. Fátima debe tirar al contenedor a Obeso.com e ir más a menudo a la gestoría de Berto; seguro que le dice cómo llevar este gobierno sin que los técnicos la desborden. El único peligro… bueno, esa ya es otra historia. En otro momento la contaremos.

Por Redaccion

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